Don Ramón Menéndez Pidal, el más ilustre estudioso de la figura del Cid

A pesar de los múltiples y variados parentescos que Don Ramón Menéndez Pidal albergó con la ciudad de Burgos y con tierras de Castilla, la relación más férrea que mantuvo con estas tierras fue la que estableció libremente en sus trabajos e investigaciones.
Ramón Menéndez Pidal pronto se decantó por los estudios de Filosofía y Letras que se vio obligado a realizar en paralelo junto con los de Derecho por imposición de su madre. Sus influencias familiares, propias del tradicionalismo católico más conservador, fueron rápidamente descartadas por Don Ramón quien rehuyó el campo de la política para centrarse en la influencia de la filología extranjera.
El reconocido pensamiento castellano-centrista que manifestaba (consideraba que la creación del estado español se debía a Castilla) se vio reflejado en su identificación literaria, histórica y vivencial pero, lejos de utilizar dicha concepción para hacer política, elaboró una teoría sobre esta tierra (la existencia de un carácter propio) basada en las conclusiones extraídas en los múltiples descubrimientos realizados en sus estudios sobre los orígenes de la lengua, la poesía épica o el Romancero, entre otros.
El más ilustre estudioso de la figura del Cid
Don Ramón Menéndez Pidal dedicó toda una vida al estudio del mayor de los cantares de gesta españoles cuyo protagonista principal es nuestro héroe legendario. En parte alentado por la pertenencia del códice cidiano a su familia materna desde 1851, en parte por la admiración que profesaba a su tío abuelo Pedro José, Marqués de Pidal, comprador y estudioso del texto.
El Marqués de Pidal mostraba especial interés en las crónicas altas-medievales, en los cantares de gesta españoles, en los juglares,etc., llegando a participar en la publicación de diversos romanceros asturianos de tradición oral que él mismo recordaba de su infancia. No obstante, por su cabeza corría la idea de que los cánticos narrativos populares estaban olvidados, pensamiento que su sobrino no compartía.
La influencia del Marqués de Pidal y la facilidad que suponía contar con el códice cidiano en el seno familiar, empujaron a un recién doctorado Ramón a llevar a cabo un exhaustivo análisis del manuscrito desde un punto de vista no solo lingüístico, también literario e histórico gracias al cual obtuvo un premio de investigación convocado por la Real Academia Española en 1895.
El estudio del Poema del Cid supuso también la primera aplicación en nuestro país del método histórico - comparativo y, por tanto, el nacimiento en España de la Filología como lengua moderna.
Sin lugar a duda, una de las principales aportaciones efectuadas por Don Ramón Menéndez Pidal a la investigación histórico – literaria y lingüística, fue la introducción del trabajo de campo que junto a sus exhaustivas y profundas indagaciones en diferentes bibliotecas, le ayudaron a descubrir hechos latentes de la historia, además de la utilización de múltiples fuentes; tanto literarias como históricas, o árabes y cristinas como fue en el caso de nuestro héroe legendario.
Junto con la publicación de “La España del Cid” se convirtió en el mayor especialista sobre la época y vida de Rodrigo Díaz de Vivar.
El redescubrimiento del Romancero
Ramón Menéndez Pidal fue el más joven de varios hermanos avanzados en diferentes campos de las Humanidades. La pérdida de su padre en una edad temprana favoreció la influencia de éstos y de otros familiares maternos en los distintos aspectos de su vida pero pronto, cautivado por la Filología que surgía en la Europa Central, se alejó de estos entornos considerando otras aspiraciones y centrando sus intereses en otras materias.
Esta conversión le permitió relacionarse y enamorarse de María Goyri, mujer adelantada a su tiempo que se convirtió en una de las primeras graduadas en Filología y Letras de nuestro país.
La familia Pidal, conservadora y muy influyente políticamente, se opuso totalmente a la relación de Ramón con una mujer abiertamente feminista que se movía en círculos progresistas. Sin embargo, a pesar de no contar con su aprobación, los enamorados contrajeron matrimonio y consumaron su unión dando lugar a la pareja de filólogos más importantes de nuestra historia.
Su aprecio por la figura de Rodrigo Díaz de Vivar les llevó a convertir su viaje de novios en un aventura bien a lomos de los caballos bien a pie por la ruta del destierro de nuestro héroe legendario donde redescubrieron el Romancero perdido del Cid que, a su vez, supuso la pervivencia del Romancero español como literatura oral.
Pueblo a pueblo fueron empapándose de los hábitos y costumbres de los habitantes de la zona hasta tal punto que, tal y como nos relata la Fundación Menéndez Pidal, María Goyri, muy inteligentemente, mientras conversaba con una lavandera, le comenzó a recitar el poema “la boda estorbada”.
Dicha mujer, además de confirmar el conocimiento del mismo y también de tener un amplio repertorio, comenzó a narrarles uno totalmente desconocido por la pareja. En este romance reconoció María Goyri un relato histórico de la muerte del príncipe don Juan, primogénito de los Reyes Católicos, que la llamó profundamente la atención.
Efectivamente, no sé equivocaba y se trataba de un romance del siglo XV extraño tanto para las colecciones antiguas como para las modernas que la lavandera había aprendido de niña en su pueblo de la provincia de Burgos.
Ramón Menéndez Pidal y María Goyri pasaron las horas finales de su luna de miel copiando romances y anotando como podían la música para su posterior estudio. Hecho que continuó sucediendo en posteriores viajes por tierras castellanas y es que, como ellos mismos señalaron, “las leyendas épicas había que estudiarlas no solo en los despachos y en las bibliotecas, sino sobre el terreno”.
Este descubrimiento supuso la confirmación de la conservación de la tradición oral, razón por la que el matrimonio decidió centrar todas sus esfuerzos en el estudio del Romancero español dejando uno de los mayores legados de la tradición oral en nuestro idioma como es el “Archivo del Romancero”.
Don Ramón Menéndez Pidal
La importancia que la figura de Don Ramón Menéndez Pidal tiene para la lengua española es difícil de igualar.
Sus descubrimientos permitieron acercar y conocer la cultura popular logrando que muchas de las costumbres y ritos de la época no quedaran en el olvido.
Su incansable trayectoria le llevó a propiciar la aparición de una nueva generación de investigadores, a formar parte de la Real Academia Española, organismo que también presidiría, y a dirigir numerosas instituciones culturales trascendentales como fue el Centro de Estudios Históricos. Además, sus numerosos estudios y publicaciones le convirtieron en padre de la filología en nuestro país.
A pesar de que numerosos de los hallazgos que Menéndez Pidal realizó acerca de la figura del Campeador se han demostrado incorrectos e incompletos en ciertos aspectos, es innegable que éstos han sido el punto de partida y la base de descubrimientos posteriores.
Desde los orígenes las gestas del Cid fueron uno de los temas predilectos del Romancero, pero ni el paso del tiempo ha mermado (ni mermará) la fascinación que profesamos a la figura de nuestro héroe legendario.

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