Los 3 grandes reyes castellanos en la vida del Cid

Tras unos intensos primeros días de este nuevo año y, aprovechando que los tres Reyes Magos nos visitaron hace poco y son unas figuras destacadas en estas fiestas que dejamos atrás, hemos querido conocer quiénes son los tres reyes castellanos más importante en la vida del Cid.
Para ello, es necesario conocer un poco sus orígenes y por qué y en qué momento fueron transcendentales para nuestro héroe legendario.
Rodrigo Díaz nació en Vivar, una pedanía pequeña que se encuentra en el valle de Ubierna, a unos 9 km. de la ciudad de Burgos. Según la leyenda, Vivar es el pueblo natal de nuestro héroe legendario a pesar de que no existe ninguna confirmación documental que así lo certifique. Sin embargo, el calificativo “el de Vivar” que le atribuyen todas las fuentes épicas hace casi segura esta afirmación.
Tampoco se tiene constancia a ciencia cierta de la fecha de su nacimiento, algo habitual cuando se trata de personajes históricos medievales. Mientras Ramón Menéndez Pidal la sitúa entre los años 1041 y 1047, el también historiador y filólogo medievalista español, Agustín Ubieto Arteta, prefiere retrasarla hasta el período comprendido entre 1054 y 1057. Por su parte, la Real Academia de la Historia la coloca entre los años 1048 y 1050 basándose en los datos del Poema Carmen Campidoctoris (también conocido como Poema latino del Campeador).
En líneas generales, parece lógico ubicar la fecha de su nacimiento en la década comprendida entre 1040 y 1050.
Por aquel entonces, gobernaba Fernando I, el Magno, Rey de León y Conde de Castilla.
Fernando I, el Magno
Hijo de Sancho Garcés III el Mayor, Rey de Navarra y Muniadonna (hija primogénita del Conde de Castilla, Sancho García), Fernando I se casó con Sancha, hermana de Bermudo III, Rey de Asturias y León. Al morir este sin descendencia, su reino pasó a su hermana, unificándose así a los de su marido, convirtiéndose este en Rey de Castilla y León, y coronado como Rey de León.
Tuvieron cinco hijos: Sancho, Alfonso, García, Elvira y Urraca.
El Cid fue educado junto al primogénito del Rey y se crio como miembro de su séquito. Es en este período cuando comienza a adquirir todos sus conocimientos junto a Sancho II, quien lo armó caballero y con quien luchó en su primer combate en Zaragoza en auxilio del tributario rey moro de Zaragoza, Muqtadir.
Al fallecer Fernando I legó a sus hijos el protectorado sobre determinados reinos andalusíes y repartió sus reinos de la siguiente manera: a su primogénito Sancho le dejó Castilla; a Alfonso le dejó León y Asturias; a su tercer hijo, García, Galicia. A sus hijas Elvira y Urraca, Toro y Zamora, respectivamente, ambas dependientes de León.
Sancho II de Castilla
Con el nuevo monarca, el prestigio del Cid se vio incrementado. Fue nombrado alférez real y dirigió las múltiples guerras castellanas en la que su figura comienza a destacar, realizando notables faenas y recibiendo el sobrenombre de Campeador, título que le acompañaría toda su vida.
Al poco tiempo de la muerte de Fernando I surgen las fricciones entre sus descendientes.
Sancho II y Alfonso VI se enfrentan en la batalla de Llantada y batalla de Golpejera saliendo derrotado este último y viéndose obligado a exiliarse en la corte musulmana de Toledo.
Sancho II, por su parte, continúo en sus avances, pero inesperadamente falleció en combate cuando intentaba defender Zamora tras una rebelión de nobles próximos a su hermana Urraca.
Al morir este, el trono pasó a su hermano Alfonso VI.
Alfonso VI de León
La relación entre el nuevo monarca y nuestro héroe legendario, podría calificarse, sin temor a equivocarnos, como una relación de altibajos.
Cuenta la leyenda, en uno de sus episodios más populares, la Jura de Santa Gadea, que el Cid obligó al rey Alfonso VI a jurar ante los nobles que no había tenido nada que ver en la muerte de su hermano. Suceso con poco fundamento histórico según diversos estudios modernos.
No es posible conocer a ciencia cierta cómo recibió el nuevo monarca a nuestro héroe legendario, sin embargo, si sabemos que dispuso su boda con Doña Jimena Díaz, noble asturiana, prima del propio rey, con la que se casó en julio de 1074 en la ciudad de Burgos.
Una expedición en Córdoba y otra en Toledo fueron el motivo del primer destierro en 1081 con el que este monarca castigó a Rodrigo Díaz de Vivar quien decidió ponerse a las órdenes del rey de la taifa de Zaragoza, dejando en San Pedro de Cardeña a su esposa y a sus hijas.
Fue en 1086, la dura derrota castellana de Sagrajas sufrida por Alfonso VI, la que propició el regreso del Cid a su patria.
No duro mucho y es que, apenas dos años después, fue otra contienda la que propició su segundo y definitivo destierro: una contienda y un desencuentro en la campaña de Aledo cuando disponían a unirse ambas mesnadas.
Alfonso VI, considerando este hecho inaceptable, lo condenó nuevamente al destierro, lo despojó de sus bienes y apresó a su mujer e hijos. De nada sirvieron las explicaciones, las justificaciones y los juramentos de inocencia de Rodrigo, lo único que consiguió fue la liberación de doña Jimena y de sus hijos y finalmente fue condenado al exilio.
A partir de este momento nuestro héroe siguió actuando independientemente en Levante.
En 1099 falleció en Valencia.
Posteriormente, tras la solicitud de auxilio por parte de Jimena, el rey Alfonso VI, acudió a su rescate, y abandonaron la ciudad con los restos mortales de Rodrigo, que fueron depositados en el monasterio de San Pedro de Cardeña.
Estos tres monarcas castellanos forman parte indispensable de la historia de nuestro héroe legendario. Todos ellos forman parte de un momento concreto de su vida, pero no son los únicos. Nuestro héroe legendario prestó sus servicios a otros monarcas a quienes continuaremos conociendo en próximas publicaciones.

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